Los 10 "tips" que un ahorrista debe saber antes de lanzarse a invertir en la bolsa de valores

Tener éxito en el mercado no es una tarea fácil. Conozca cuales son los principios que se deben tener en cuenta para no fracasar en el intento

Los 10 tips que un ahorrista debe saber antes de lanzarse a invertir en la bolsa porteña

El objetivo de la mayoría de las personas que tienen dinero ahorrado es que el mismo les otorgue un determinado nivel de rentabilidad.


Para lograrlo, se puede elegir entre un amplio abanico de posibilidades que van desde el acopio de divisas extranjeras o plazos fijos hasta opciones más arriesgadas como los bonos o las acciones.

Aprender a invertir no es una tarea fácil. Se requiere mucho análisis, una buena asesoría, un plan global de inversión a largo plazo y tiempo de implementación.

Pero también es necesario asumir que no siempre se va a ganar y, por sobre todas las cosas, estar atento a los cambios que se generan en el mercado.

Factores externos e internos
Hay muchos elementos que se deben tener en cuenta y que pueden influir en la evolución de los precios.

Por ejemplo, crisis y conflictos internacionales o escándalos políticos disparan los temores y retrotraen los precios. Por el contrario, los momentos de estabilidad económica y política llevan a que los riesgos de una caída sean mucho menores.

Algunos especialistas recomiendan apuntar a inversiones de largo plazo (para escapar de aquellas de neto corte especulativo que buscan grandes ganancias en poco tiempo), dado que así se cuenta con un mayor margen para recupersarse ante posibles pérdidas.

Todo ahorrista que quiera puede invertir
Para tratar de ganar en la city porteña es necesario conocer cuáles son los principios que deben tenerse en cuenta al momento de ingresar al mercado.

1. Diferenciar la posición de trading de la posición de largo plazo
Dentro de un portafolio se puede disponer de una proporción pequeña del mismo para hacer operaciones rápidas, que se denominan trading (de un 15 al 20% de la cartera) y el resto invertirlo con objetivos de mediano y largo término.

Según Diego Martinez Burzaco, de InversorGlobal, “esta posición permitirá aprovechar los movimientos de corto plazo, pudiendo asumir un mayor riesgo para buscar retornos que le ganen a la media”.

Al estar expuesta a mayor riesgo, esta porción de la tenencia podría asumir mayores pérdidas en el caso de que la lectura de la tendencia de corto plazo del mercado no se la que se verifique finalmente.

2. Entrar y salir sólo cuando sea necesario
Comprar y vender con mucha frecuencia no mejora el rendimiento final de la inversión. Al contrario, los gastos de las operaciones terminan por reducir la rentabilidad. Por eso, es aconsejable mantener la calma y comprar o vender sólo cuando sea necesario.

Se debe ser dinámico, pero no cambiante. Una vez efectuado el desembolso, hay que estar atento para reaccionar cuando sea necesario, pero manteniendo de forma coherente la estrategia.
Un cambio inoportuno puede echar por tierra el esfuerzo de varios meses o varios años. Éste es el caso de quien se ha decidido por una inversión en acciones a largo plazo y, a la primera caída, se pone nervioso, vende apresuradamente y pierde.

3. No endeudarse para comprar
No es aconsejable invertir a crédito. Los expertos advierten que no es conveniente endeudarse para invertir en el mercado, si es que no se tiene absoluta certeza de la revalorización de las cotizaciones.

Esta práctica suele resultar muy costosa para un inversor inicial, ya que puede generar más de un disgusto cuando los mercados entran en una tendencia bajista.

La inversión a crédito es desaconsejable para inexpertos y para quienes el endeudamiento resulte un peligro para su patrimonio familiar y personal.

4. Comprar cuando todos venden y vender cuando todos compran
Desde el punto de vista racional, lo ideal es comprar cuando las acciones bajan y vender cuando suben.

Al respecto, Hugo Scopetani, director de Sudamericana de Finanzas, recordó una frase de John Templeton que dice: “Los mercados alcistas nacen dentro del pesimismo, crecen gracias al escepticismo, culminan dentro del optimismo y mueren dentro de la euforia”.

Sin embargo, lo que se verifica en la práctica es la conducta contraria, esto es comprar en tiempos de euforia y vender en aquellos de depresión.

Existen métodos científicos para saber si, en un determinado momento, la bolsa en su conjunto está demasiado cara (sobrevalorada) o barata (infravalorada). Esto ayuda a evaluar si deben predominar las compras -cuando está infravalorada- o las ventas, dando mayor peso a la renta fija.

Además, conviene entender la psicología del mercado y hacerse amigo de la tendencia. Aun cuando haya muchas evidencias de que éste debiera subir o bajar, es probable que se termine dando el efecto contrario, aunque no sea el movimiento más racional.

“En ese caso, no es conveniente quedarse esperando el cambio que uno considera más lógico, sino que debe sumarse hacia donde apuntan las expectativas de los agentes”, sostuvo Juan Southall, de De Bary, Casa de Bolsa.

Asimismo, es clave comprar con el rumor y vender con la noticia. Cuando surge una versión sobre alguna información relevante relativa a una compañía, generalmente el papel (una acción o un bono) comienza a operarse con mayor intensidad y, de ser una noticia positiva, el mercado se anticipa y se verifica una suba importante de la acción.

“Cuando la información se confirma, suele pasar que el mismo baja, porque ya tenía descontada en el precio la buena noticia”, agregó Martinez Burzaco.

Cabe aclarar también que un consejo también reiterado por los expertos es: “Technicals” para el corto plazo y “Fundamentals” para el largo. Esto es, en la teoría de valuación de acciones existen dos corrientes que para muchos no pueden complementarse sino que se sustituyen: análisis técnico versus análisis fundamental.

Según el experto de InversorGlobal, “el primero se basa en series de precios históricos que dan una buena idea sobre la tendencia del mercado en el corto plazo, para las posiciones de trading”.

En tanto que el fundamental está más relacionado con las condiciones económicas y financieras de una empresa, el entorno en que se desarrollan sus principales negocios, la capacidad de formar precios, etc. y permite detectar oportunidades pensando en el mediano y largo plazo.

5. Elegir un buen intermediario
Las órdenes de compraventa de acciones se canalizan a través de una sociedad de bolsa.

Pueden gestionarse mediante una entidad bancaria pero, en definitiva, ésta se la transmitirá a una de esas sociedades y cobrará una comisión adicional por hacerlo, perjudicando la rentabilidad de la operación.

Además, las comisiones que cobran los agentes de bolsa suelen mostrar una fuerte dispersión, ya que suelen fijarse en función de los montos y de la asiduidad con que se realicen las operaciones.

6. No confiar en las previsiones
Basándose en informaciones fiables acerca de las empresas y de las condiciones económicas, es posible predecir la evolución de una situación con muchas posibilidades de acertar.

Sin embargo, la certeza absoluta no existe. Por eso, es importante estar informado y centrar la estrategia en predicciones que provengan de una fuente de confianza, pero no conviene apostar todas las fichas a una inversión basándose en un pronóstico. Si se dispone de poco dinero, conviene recurrir a un fondo común.

También debe contemplarse que cuando se compran acciones se cobran comisiones que suelen tener unos mínimos y hacen desaconsejable hacer adquisiciones por cantidades muy pequeñas.

7. Aceptar consejos pero desconfiar de quienes prometen "el oro y el moro"
Un inversor tiene a su alcance multitud de datos, informes e indicadores de carácter público que le permiten estar al tanto de lo que sucede en los valores y sus empresas emisoras.

Es bueno recibir consejos, ya que es muy difícil analizar individualmente los múltiples factores que inciden sobre los precios bursátiles, pero es conveniente desconfiar del asesor que promete altas rentabilidades, porque la bolsa es un mercado de incertidumbre y riesgo, donde nadie puede asegurar una ganancia elevada.

Si ello fuera así, el asesor no se dedicaría a asesorar, sino a invertir él directamente su propio patrimonio para alcanzar las ganancias que promete. Para ejemplo, basta pensar en lo que ocurrió con Bernie Madoff.

8. Invertir en valores líquidos
Si se desea poder recuperar su dinero cuando lo necesite, fíjese en aquellos valores con una frecuencia y volumen de contratación elevados.

“Las acciones más líquidas son las que están agrupadas en el panel líder”, sostuvo Southall, quien agregó que “en cambio, en el panel general hay muchos papeles que no cotizan todos los días y ello les quita atractivo”.

9. Diversificar la inversión
Para aminorar los riesgos, es atinado invertir un porcentaje de la cartera en renta fija y otro en renta variable, combinando a su vez valores y sectores distintos para compensar riesgos.

Hay un dicho bursátil que describe a la perfección esta necesidad: no es bueno poner todos los huevos en la misma canasta.

Además, para hacer una mínima diversificación es aconsejable comprar como mínimo seis empresas diferentes. Una forma de hacerlo es mediante un fondo de inversión.

10. No jugar todos los ahorros en la bolsa
Esta es una inversión de riesgo y, por lo tanto, generadora de pérdidas o ganancias.

Por ello, se recomienda que un patrimonio se diversifique en activos mobiliarios e inmobiliarios, con sólo una parte destinada a la inversión bursátil directa.

Lo dedicado a la renta variable dependerá del perfil humano y personal del ahorrador, en función de su edad, de sus perspectivas vitales y de su aversión o no al riesgo que generen las inversiones en bolsa.

Desde el otro lado del mostrador
“Lo más importante para un asesor de inversiones es determinar con exactitud el perfil de riesgo de su cliente y proponerle una estrategia de inversión adecuada”, sostuvo Hugo Scopetani.

Según el ejecutivo, las preguntas obligatorias que se deben efectuar, y esto es igualmente válido para el caso de que un inversor quiera contestarlas per se, son:

  • ¿Cuánto riesgo está dispuesto a correr?
  • ¿Cuánto es capaz de asumir?
  • ¿Cuáles son sus objetivos de rentabilidad?
  • ¿Cuál es su horizonte de inversión?

“En realidad, el perfil de riesgo es el que determina su estrategia óptima de inversión. Esta debe estar en línea con su perfil personal y sus expectativas de rentabilidad”, sostuvo Scopetani.

¿Qué aributos debe tener un inversor inteligente?
Benjamin Graham, quien fuera mentor y maestro de Warren Buffet, y tal vez el mejor inversor bursátil de todos los tiempos, describió las cualidades que debe tener quien desee tener éxito en el mercado.

Según Graham, un inversor inteligente no es quien posee capacidades intelectuales superiores tales como las reflejadas en su coeficiente intelectual, sus conocimientos sobre contabilidad, finanzas o los mercados financieros en sí mismos.

Es aquel que posee las capacidades emocionales y el temperamento necesario para tomar decisiones de inversión razonables sin dejarse influenciar por las modas, los deseos extremos de codicia y el pánico que alternativamente impregnan a los mercados.

En definitiva, un “inversor inteligente” es paciente, disciplinado, dispuesto a aprender, capaz de controlar las propias emociones y pensar por sí mismo.

Este tipo de inteligencia es más una condición del carácter que del cerebro.



Fuente: Rubén Ramallo ©iProfesional.com

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